Entredicho

14/03/20


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Por Fabricio Farfán 


Al coincidir nuestros rostros
en la pugna
encuentro su mirada,
y en sus ojos me descubro
a mí como motivo,
(otra mirada suya, una vez, fue el mío).
Hemos sido siempre
nuestros propios motivos.
Sus ojos me acusan;
en ellos hay un mundo de silencios
donde lo no hablado
es lo más presente.
Un nuevo yo intenta renacer todos los días,
y desde mi ingenuidad,
creo en mi intención sincera;
me engaño, tal vez.
Ahora me dice “aliado”,
pero lo que hay dentro de mí
parezco llevarlo marcado,
como un exconvicto que nunca podrá ocultar su crimen.
Intento redimirme todos los días
sin conseguirlo,
como si habiendo terminado el día siendo “bueno”,
lograra borrar lo que ya he sido.
Hoy sus ojos
fueron como ventanas
a un abismo de dolor,
y hay una gran distancia

hecha por palabras dichas
y no pensadas.
¡Vergüenza,
que vergüenza
nos damos!
Nunca se va, nunca me deja.
Yo también quiero paz,
yo también quiero paz…
Me pregunto si en verdad
puedo dejar los trastes limpios.



Fabricio Farfán
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