Evolución

07/02/20


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Por: Fabricio Farfán



Algo le pasó a este amor eterno,

tan impulsado por culpas y ambiciones pueriles.

Hemos abierto los ojos y somos quienes somos;

hemos aprendido a vivir con los defectos;

a evadir la fatiga de esperar uno del otro.

Ya no tengo fingidas sonrisas que ofrecerte;

ya dejamos de ser imitaciones del otro;

nos iluminó la verdad y se nos esfumó el encanto.

Lo irreal dejó de ser lo único que existe

y el amor existe con sus desamores,

dejando de ser una constante

y también sus expresiones.

Fuimos como náufragos en un mar de pasiones

y nos dejamos arrastrar juntos en sus aguas.

Con la entrega infinita de tu amor doliente

me perdí en un laberinto de tristeza,

y a pesar de tenerte me sentí tan solo,

y mi error fue querer llenarme de ti

y querer que tu te llenaras de mí.

Pero pasan los años y la historia se hace larga,

y se sigue prolongando la agonía de quererte,

de querer conquistarte y pretender perderte.

Y el amor eterno apenas duró unos años;

en su lugar dejó algo que nos unió aun más:

a nosotros mismos.



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