La postura de México ante la situación que vive Venezuela

28/01/19


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Durante la Revolución mexicana, los distintos grupos combatientes que se hacían del poder aceptaban las exigencias de otros países –especialmente las de los Estados Unidos de América-, a fin de ser reconocidos como el verdadero gobierno de México, y mediante estos acuerdos hacer a un lado al resto de las facciones combatientes.

Una vez finalizada la lucha armada y encontrándose nuestras instituciones en vías de consolidación, el 27 de septiembre de 1930, la Secretaría de Relaciones Exteriores emitió un comunicado que estableció en lo medular lo siguiente: "México no se pronuncia en el sentido de otorgar reconocimientos, porque considera que ésta es una práctica denigrante que, sobre herir la soberanía de otras naciones, coloca a éstas en el caso de que sus asuntos interiores puedan ser calificados en cualquier sentido por otros gobiernos, quienes, de hecho, asumen una actitud de crítica al decidir, favorable o desfavorablemente, sobre la capacidad legal de regímenes extranjeros". Así nacía la Doctrina Estrada –bautizada así en honor al entonces Secretario de Relaciones Exteriores que la concibió, Genaro Estrada Félix-.

La Doctrina Estrada evolucionó de ser un comunicado de la Secretaría de Relaciones Exteriores, para convertirse en un aspecto vital de la política exterior mexicana, y finalmente, incorporarse a partir del 11 de mayo de 1988, en la fracción X del artículo 89 de la Carta Magna. La fracción en comento ordena que “(…) En la conducción de tal política, el titular del Poder Ejecutivo observará los siguientes principios normativos: la autodeterminación de los pueblos; la no intervención; la solución pacífica de controversias; la proscripción de la amenaza o el uso de la fuerza en las relaciones internacionales; la igualdad jurídica de los Estados; la cooperación internacional para el desarrollo; el respeto, la protección y promoción de los derechos humanos y la lucha por la paz y la seguridad internacionales”.

Es a partir de este mandato constitucional, que debe contextualizarse la postura de México ante la situación que vive Venezuela. No es un asunto de blanco o negro -o se está en contra de Maduro o se está a favor de él-: se trata de navegar con habilidad en medio de una tormenta. Retomar la Doctrina Estrada permitirá enviar un mensaje de no subordinación ante los Estados Unidos, y partir de ahí, buscar reconstruir el liderazgo de México en Latinoamérica.

Quizá una manera simplificada de entender la lucha intestina que se vive en Venezuela, la encontramos en una de las obras del genial conjunto argentino de Les Luthiers, cuando en “La Comisión (Himnovaciones)” se enfrentan a la tarea de modernizar un Himno Nacional, y en búsqueda del enemigo al que dirigirán sus ataques, Carlos Núñez, Daniel Rabinovich y Marcos Mundstock, sostienen el siguiente diálogo:

“-Carlos Núñez Cortés: ¡Los yankis, claro! ¡El imperialismo norteamericano! ¡Ja, ja! ¡Yanki go home, yanki go home!

-Daniel Rabinovich: ¡Mangiacaprini, Mangiacaprini, Mangiacaprini, MANGIACAPRINI! ¡No sería oportuno! No se olvide usted que los Estados Unidos han sido los principales propulsores de nuestra actual democracia...

-Marcos Mundstock: ¡Y de nuestras anteriores dictaduras!”


Por : Dr. Luis Arturo Jiménez Castillo
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Mesa de Diálogo Miércoles 7:00 pm 
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