Estado de Derecho

14/01/19


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Los resultados de las elecciones del 1° de julio de 2018 fueron un clarísimo voto de
castigo a las opciones políticas que tradicionalmente han gobernado a México, y al mismo
tiempo, demostraron un profundo anhelo de que en nuestro país se dé un cambio de
fondo y no únicamente la alternancia de colores en el poder -pero con intereses
compartidos-.

Transformar al país implica forzosamente tocar poderosos intereses nacionales y
extranjeros –con ramificaciones que quizá ni siquiera imaginamos-, por lo que un manejo
pulcro de la información desde la Presidencia de la República resulta esencial.

Tomando a manera de ejemplo el problema del desabasto de gasolina que vivimos en
algunas zonas del país, la crisis generada en Jalisco por el cierre del poliducto de
Salamanca, la difusión a nivel nacional de dicha situación y las posteriores compras de
pánico que comenzaron a darse en la propia Ciudad de México, deberían dejarle en claro
al presidente de la República, que el mal manejo de la información generó, por lo menos:
1) incomprensión de las medidas tomadas –y que justificadamente, hacen ver a la
administración Federal como insensible ante los problemas que enfrenta la población-, 2)
incertidumbre respecto a la normalización del servicio de suministro de gasolina –no basta
con transmitir spots afirmando que la situación se normalizará “a la brevedad”- y 3)
molestia ante la falta de explicación certera de la negativa de que aproximadamente 60
buques distribuidos en 14 puertos, puedan descargar miles de litros de combustible. No
es el fondo –el combate al robo de combustible es compartido ampliamente por los
mexicanos- son las formas.

Este escenario ha sido propicio para que la guerra sucia que durante años se dirigió en
contra de Andrés Manuel López Obrador, ahora parezca una profecía en ruta de
cumplimiento. Sin exagerar: el presidente y su partido, se están jugando su capital
político. Y ése es un lujo que no pueden darse. Sin el apoyo popular, el gobierno de López
Obrador sería fácilmente desestabilizado, con consecuencias catastróficas para todos los
sectores de la sociedad.

Como si fuera una novela de Sir Arthur Conan Doyle, en donde Sherlock Holmes al final
resuelve un crimen incomprensible, pero que todo tiene lógica una vez que explica las
deducciones que lo llevaron a su conclusión, esperemos que las acciones emprendidas
por las autoridades Federales tengan un sentido y formen parte de una estrategia global.

Nadie dijo que sería fácil. Transformar al país requiere –como dijo Winston Churchill-
“sangre, esfuerzo, lágrimas y sudor”, pero además acciones inteligentes.

Dr. Luis Arturo Jiménez Castillo
opinión.estadodederecho@gmail.com

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