Maduré

13/05/19


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Por: Fabricio Farfán 

Fue curiosa mi charla con aquel tipo.
Mientras él hablaba yo no hice sino escucharlo.
A decir verdad, hablé poco,
es más, yo solo decía que sí.
Aunque me fue más interesante observarlo;
nunca sus palabras fueron tan importantes como sus gestos,
los gestos y de más expresiones 
de alguien que no cree lo que dice
pero está obligado a defender ideas ajenas.
Le pagan por hacerlo.
Aprendí tanto.
Aprendí que a veces no vale la pena discutir, por ejemplo.
Aprendí que muchas veces está mal visto expresar ideas propias,
es más, hasta es peligroso que se den cuenta que uno las piensa.
Me acordé tanto del viejo yo,
aquel que se vestía de una manera tan llamativa
para asegurarse que los de más entendieran
que la vestimenta no era prioridad,
como usar pantalones visiblemente rotos, por ejemplo
Me acordé.
Podía protestar, estar en desacuerdo y manifestarlo,
a quien fuera.
Ahora soy diferente, solo un poco,
pero contundentemente.
Apenas me di cuenta que soy un adulto;
Apenas.
Y que estoy más que comprometido con mi sustento.
Maduré,
que vergüenza.


Fabricio Farfán
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