EL HOGAR DEFINITIVO

24/07/18


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Desde que comencé a tener conciencia de lo que la vida es, comprendí que todo conlleva un ciclo y que es probable que ese ser supremo en el que solemos creer cuando todo va mal, tiene un plan estratégico para cada uno de nosotros, ya saben me gusta imaginar que el mundo es un tablero enorme de ajedrez y él mueve las piezas (los seres humanos) cuando quiere lograr jugadas maestras.
Siempre imagine un privilegio el ser parte de la vida de cualquier ser humano, el dejar una huella y con esta un testimonio de que pase por aquí, he ambicionado la idea de trascender desde hace tiempo, incluso puedo decir se me convirtió en obsesión en cierto punto de mi vida.

CAMINANDO HACIA NINGÚN SITIO:
En mi etapa de Adolescente mi vida se volvió caótica, porque veía como alrededor de mí todos tenían un plan, una meta, sabían a donde querían llegar, en cambio yo, solo tenía claro que era necesario situarse en un sitio, pero al cerrar los ojos no me venía ninguna imagen en específico, en esa etapa escuchaba la frase: “Aquel que no sabe a dónde quiere llegar, ningún viento le favorece” así que además de todo me empecé a sentir como un barco a la deriva que solo se mueve porque el viento tiene potestad sobre él, me preguntaba donde quería estar al terminar el bachillerato, cerraba los ojos … y de nuevo… ¡nada! 
La frustración y yo convivimos codo a codo por un tiempo, incluso empecé a acostumbrarme a esa sensación conocida y desagradable, pero se mostraba como mi único piso presente, ¿cómo saber dónde quería estar, si solo tenía ese momento seguro?

REVELACIÓN:
Uno de esos días que solemos tener los estudiantes en los cuales, no es tan importante el saltarse una clase, observe a un maestro que estaba hablando frente a un grupo de compañeros, le veían con cierta fascinación que puedo jurar destacaba un halo de solemnidad en cada uno de ellos, la curiosidad me gano y me acerque a ese grupo, era un Profesor de la Asignatura de Psicología, clase que ya había llevado y que había pasado por mí sin pena ni gloria; sin embargo ese día algo paso que al cerrar los ojos pude tener esa proyección de mi vida frente a mí, se mostraba tan clara que no sé cómo antes no la había apreciado.

MOMENTO DE LA ASIGNATURA:
Tras finalizar el Bachillerato ingrese a la Carrera de Psicología y parece que de un solo parpadeo me encontré justo aquí.
La vocación me viene desde siempre, lo descubrí he aprendido lo que es tomar una mano que tiene miedo de partir y he sido bendecida al poder ser compañera en ese trance.
¿A quién no le gusta estar en casa? Esa es la primer pregunta que lanzo al paciente al que debo notificar que su padecimiento es de índole terminal, no es fácil dar esta noticia a nadie, porque se desbordan las emociones con la misma fuerza e impacto de quien recibe un cubetazo de agua helada sin previo aviso, mantengo contacto visual con él/ella, permito su momento de angustia, miedo e incluso rabia contra ese ser que le castiga de esa manera, entonces me acerco, busco contacto visual y empiezo mi relato.

EL RELATO:
Hay muy probablemente un lugar que es hermoso, donde todo lo que alcanzan a ver tus ojos te es agradable, no hay juicios, no puede haberlos simplemente porque los errores cometidos han sido aprendizaje de valor, ¿cómo se esto? Imagino que ese lugar es a donde todos volvemos después de una larga jornada, el sitio que te espera para descansar, relajarte y olvidarte de todo lo que te causo incomodidad, cierro los ojos y puedo verlo, es mi lugar, me rodean las personas que más he amado, veo a mi gato que se sienta en mi regazo y comienza a ronronear, me está dando la bienvenida, lo que mis sentidos perciben es simplemente lo que más amo las sensaciones más exactas de lo que me hace feliz, muy seguramente es volver a casa después de unas largas vacaciones, en las que me divertí, llore, aprendí, pero ya han terminado y mi hogar me está esperando, no puedo prometerte que no irás aún pues cada uno tiene el tiempo para regresar, pero te aseguro que en el trayecto en este viaje, estaré contigo, procurare tu bienestar, te confortare cuando el camino se sienta empedrado, cuidare tu presencia física y tomare tu mano. 
Apenas al terminar mi relato comienza a sentirse confortado, suspira, cierra los ojos y sé que empieza a visualizar su hogar, el miedo comienza a desaparecer de a poco, la angustia e incluso el dolor se vuelven más tolerables.

En este paso por esta vida, he aprendido que nunca dejamos de ser seres humanos, que experimentamos los más profundos miedos, que necesitamos como cuando niños una mano que nos lleve por el camino que no conocemos, que nos guíe en la oscuridad, a veces… solo a veces, puedes tener suerte y convertirte en su faro.
Te invito a replicar este relato que ayuda a sanar el alma, te invito a ser luz para aquél/ aquella que la vida te presente, te invito a darle significado a esta ausencia, te invito a trascender.

PSIC.  ANDREA AZALEA RAMÍREZ P

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